INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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5/10/12

Tres mil reales tengo en un cañar

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Chinica del Argaz, en Cieza
Dicen que a un ciego llamado Irancio, que solía pedir limosna en la puerta de la iglesia mayor y en la plaza del mercado de su pueblo, se le fue la lengua un día y cantó una cancioncilla imprudente que le trajo no pocas complicaciones.

Parece ser que al hombre no le iban mal las cosas y recogía bastantes dádivas de sus conciudadanos. Cuentan que el ciego, mientras oía el alegre tintineo de las monedas al caer al platillo, solía zurrir una guitarra y medio entonar alguna copla. Pero un día, lleno de contento como decíamos, y mientras se prestaba gustoso a ser objeto de la virtud de la caridad en la plaza de la villa, se aventuró a repetir como un simple estribillo sin impor-tancia los siguientes versos:

 “¡Tres mil reales.......
 tengo en un cañar...!”

En esto que fue escuchado por un ladronzuelo que iba por allí a la pillada, al cual le apodaban Ratinto. De modo que a la tarde éste lo siguió sin ningún problema y supo dónde tenía el ciego el escondrijo. Y en cuanto el invidente se marchó, comprobó que efectivamente, allí entre la hojarasca del suelo había un saquito con nada menos que tres mil reales de vellón, los mismos que cambiaron de dueño en un santiamén.

Al día siguiente, el ciego, que no se fiaba de nadie, ni mucho menos de los bancos (¡cuan inteligente era a la luz de los tiempos que ahora corren...!), por lo que prefería tener su dinero escondido, se llegó hasta el lugar del cañar. El pobre Irancio tomaba todas las precauciones a su alcance, que no eran otras que la escucha: se iba deteniendo a cada paso para cerciorarse de si alguien le seguía o estaba por allí, y a cada instante se paraba por el más leve ruidillo, y aun venteaba como los podencos los olores que traía o llevaba el aire de un lugar a otro. Así que cuando tuvo conciencia de hallarse en completa soledad, destapó como todos los días el escondrijo, el cual halló vacío. Esto le produjo al desdichado un hondo pesar; pero como la necesidad y las penas hacen sabios a los hombres, ideó una estratagema para intentar poner remedio su desgracia.


Al día siguiente, en el mismo lugar de la plaza, aparentando alegría como si no le hubiese ocurrido nada, y mientras rascaba las desafinadas cuerdas de su guitarra, Irancio se puso a cantar de forma insistente los siguientes versos:

“¡Tres mil reales
tengo en un cañar,
y otros tres mil 
que voy a llevar...!”

Lo oyó el ladronzuelo, que se había sentado muy cerca y observaba con los dientes largos como le goteaban al ciego las monedas al platillo. Y, confiado en que el infeliz aún no habría descubierto el hurto, se dijo: ‘pondré de nuevo los tres mil reales en su sitio para que él no sospeche nada, y cuando deje los otros tres mil, me llevaré los seis mil.’

Así lo hizo el pillastre de Ratinto, con lo cual el pobre ciego recuperó su dinero perdido y, por supuesto, ya no volvió a dejarlo más en el cañar
©Joaquín Gómez Carrillo

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Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
* El hermano rico y el hermano pobre
* El labrador y el tejero
* La vaca del cura Chiquito
* La madre de los costales
* El grajo viejo
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"