INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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20/8/16

La libertad respetuosa

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Basuras arrojadas desde hace años en el entorno protegido de la Atalaya
El otro día voy caminando por la acera de una popular avenida de Cieza (yo casi siempre me desplazo de una parte a otra de la ciudad andando; el coche, mejor en su cochera, guardaíco), en donde hay terrazas de cafeterías con clientes charlando animadamente, donde existen bancos públicos para sentarse, los cuales están ocupados las más de las veces por personas mayores, que refieren siempre las mismas cosas del pasado mientras contemplan atónitas el discurrir del presente (fue un acierto, cuando hace unos años la concejalía de servicios municipales mandó colocar en todo el pueblo bancos de hierro, algo incómodos para el trasero, pero resistentes y a prueba de vandalismo). Entonces oigo un estruendo terrorífico que aumenta al acercarse hasta producir daño en los tímpanos. Se interrumpen las conversaciones de la gente y algunas personas se llevan las manos a taparse las orejas. “¿Qué será esto, Señor, que parece que llega la fin del mundo...?” Era un “quart”, o como demonios se llame a esa especie de motos de cuatro ruedas que algunos de los que les sobra el dinero se compran para ir molestando. El fulano, en actitud gamberra, circulaba a escape libre atronando la vecindad, consciente de que a su paso arruinaba la paz y el derecho a la calidad urbana de vida de las personas.

Tiempo atrás, en mi recorrido casi todas las tardes hacia la orilla del río, paso junto a un punto de recogida de residuos urbanos; consta de cuatro contenedores soterrados: orgánica, cartón, envases y vidrio. No hace falta explicar a nadie donde debe echar cada cosa, ya somos grandecicos para saberlo. Entonces veo aun hombre que viene arrastrando una especie de cubo de basura con ruedas; se acerca a las bocas de los depósitos, levanta la tapa donde pone “orgánica” y vierte el contenido de su carrito: son botellas, varias decenas de botellas. Le manifiesto al hombre “mi confusión”, relativa a los letreros y al vertido de vidrio que acaba de hacer en el contenedor de orgánica. Entonces, casi furioso, despotrica contra el Ayuntamiento por la supuesta falta de un contenedor de vidrio de los de “campana”, por eso tira las botellas “donde le sale de los cojones” –dice.

Hace un par de meses, estoy sentado con mi padre en un parque público, viendo plácidamente ocultarse el sol por el Almorchón, mientras él no deja de contarme historias, acumuladas en su cabeza desde hace 92 años. Y Observo unas zagalas que pululan más allá, por donde hay unos parterres con rosales floridos. Entonces veo que una de ellas va provista de unas tijeras y está cortando las rosas a placer, quizá para llevárselas a su casa y ponerlas en un florero. “¡Oye, eso no está bien!” –le protesto. “¿Son tuyas acaso...?”, responde descarada, y continúa con su proceder.

Más de un año hará, al salir una tarde de mi casa observo que viene por la acera un señor con un perrazo pastor alemán; el animal va suelto, sin correa ni collar, y camina varios metros delante de él. Me paro en el poyo a ver qué ocurre y, está claro, el perro viene flechado a sumar su generosa meada al quicio de mi puerta, donde otras personas han permitido a sus mascotas dejar sus sucias “marcas” día tras día. Entonces hago un aspaviento al animal para que no levante la pata y prosiga su camino. El señor se molesta de que yo “moleste” a su perro. Le digo que lo que debería hacer es llevarlo ataíco al menos, “que esto es una vía pública”. Me manda a paseo y me dice que “me meta en mis cosas”.

¿Es esta la sociedad que queremos? ¿Estamos progresando hacia unos modos de convivencia más respetuosos, o todo lo contrario? ¿Cuando los dirigentes hablan de “progreso”, utilizando algunos incluso el término como marchamo político, a qué progreso se refieren? (No sé qué general solía decir que sus tropas nunca retrocedían en la batalla: cuando tenían que batirse en retirada, daban media vuelta y seguían “avanzando”). ¿Esta sociedad, en algunos aspectos, ha dado “media vuelta” y sigue “progresando” hacia atrás? Miren, no basta el progreso en lo económico ni en permisividad para gozar de todas las libertades habidas y por haber. Una sociedad no puede entenderse como progresista si ampara o se despreocupa del “retroceso” en lo personal de sus individuos, retroceso en valores tan importantes como el respeto. Creo que el primer mandamiento de una democracia es el respeto, en el sentido pleno e integral. Pero entonces hay que admitir la paradoja de que en una sociedad “libre”, las libertades están condicionadas: no existe una libertad absoluta, pues sería el caos que llevaría a la decadencia. Y los condicionantes de las libertades no son otra cosa que las propias normas cívicas. De manera que si los individuos no adquieren, o no han mamado, la suficiente educación en valores para aceptar y respetar las reglas de convivencia, la sociedad tiene que reaccionar con sus leyes y sus mecanismos coercitivos y protegerse.
©Joaquín Gómez Carrillo
(Publicado el 20/08/2016 en el semanario de papel "EL MIRADOR DE CIEZA"
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EL ARTÍCULO RECOMENDADO

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"El viaje de Viernes Santo". Relato publicado en la revista de Semana Santa "La Cortesía", el año 2007. Narra el periplo de unos zagales del Campo de Ricote que decidieron acudir a ver la procesión a Cieza atravesando la Sierra del Oro por el Collado del Portajo.

LOS DIEZ ARTÍCULOS MÁS LEÍDOS EN LOS ÚLTIMOS TREINTA DÍAS

Cuentos del Rincón

Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
* El hermano rico y el hermano pobre
* El labrador y el tejero
* La vaca del cura Chiquito
* La madre de los costales
* El grajo viejo
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"